Galicia

Interpelar la pausa

En un momento de exceso de estímulos visuales e informativos, muchas veces se acucia la ceguera ante esa realidad que camina sigilosa junto a la cadencia de nuestros pasos. Hay una cierta ansiedad por el simulacro que ensombrece lo común y nos hace contemplar la vida desde un atropellado sistema de inercias en el que la pausa parece haberse absorbido del diccionario. Pero me gusta interpretar la pausa como uno de los soportes del arte. Lo es porque permite sucumbir a la sobre-excitación contemporánea y se cuela entre las grietas para deslizar otros rumbos posibles; para poner en cuestión el mundo. En esta edición de INTERSECCIÓN, tras más de un año tratando de asimilar una nueva situación de pandemia mundial que ha puesto en evidencia el estado natural de las dinámicas sociales, nos interesamos por aquellas miradas que introducen discursos acerca del espacio y sus tránsitos, de su construcción social y política, pero también poética. Una vez más apostamos, para la sección gallega del festival, por una selección heterogénea en cuanto a estilos, formatos y perfiles, persiguiendo ahora los rastros de una cartografía de lo habitado que se proyecta en múltiples significaciones para concebir otros lugares posibles: el digital, el distópico, el íntimo, el espectral, el físico, el cultural…

Algunas veces se trata de habilitar procesos de observación que actúen a modo de archivo de memorias. Como en Veo veo (2021), donde Sabela Eiriz explora lo fotográfico como un metalenguaje al que nos asoma a través de las imágenes contenidas en la pantalla de su ordenador. Se produce así una sensación enfrentada entre la quietud de lo que vemos y el movimiento del cursor, que nos va transportando por los diferentes rincones de cada fotografía. La artista fragmenta la mirada, la quiebra en pedazos, la difumina, y solo a veces nos muestra el contexto de todo ese conjunto de detalles que se componen como una narración vital. Porque hay mucho de escritura interior, de collage de formas y formatos, tanto que la propia palabra acompaña, como elemento de evocación, hacia el asombro de lo cotidiano. También en el caso de Acacia Ojea lo diario, lo corriente, toma una dimensión mayor. Pero El cansancio tiene un gran corazón (2020) tiene el confinamiento como punto de origen y el horizonte es más introspectivo; nos conduce al hogar, a la ilusión del paisaje desde la ventana. En forma de aforismos breves, sus escenas se condensan como una serie de afectos subordinados; impulsos emocionales que responden a la estética del haiku y se traducen en el lenguaje audiovisual a partir de la interpretación de los libros La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han y Nudos: la trama de los sentimientos de R. D. Laing.

En otras ocasiones los recorridos son más incisivos. Sucede en las propuestas de Ruth Montiel Arias, Santiago Talavera y Carme Nogueira, en las que el territorio aparece como concepto desde el cual explorar conflictos que tienen que ver con la dominación humana. Así, Santiago Talavera presenta en Hauntopolis (2020) la simulación de una ciudad imaginada, atravesada por la especularidad de un mundo asfixiado de imágenes y dogmas. Este vídeo, que forma parte de un proyecto mayor, permite apreciar la condición híbrida de su obra, una apuesta por la colisión de lenguajes visuales que se significan tanto en su coherencia estética como conceptual. Localizaciones complejas de ubicar, planos aéreos que se contraponen a otros generales e ilustran la sospecha de un espacio-tiempo sumido en la crisis y la indefinición, formulando preguntas en torno a la ciudad del porvenir. En su nuevo proyecto, Ruth Montiel Arias mantiene su reflexión acerca de las consecuencias de la acción humana sobre el planeta y el concepto de poder asociado a la destrucción. Así, las primeras imágenes de Deeper (2021) muestran la grandiosidad del mar, su belleza hipnótica, mientras una voz en off desgrana el crudo relato del maltrato a la naturaleza. En este sentido, la pieza abraza lo paradójico como el fiel reflejo de la actitud humana: si la vista se recrea con la voluptuosidad del mar y su carácter inconmensurable, la realidad habla de una mutilación paulatina que busca perpetuar, como apunta la artista, nuestra propia hegemonía. En Tenerife (2020), Carme Nogueira parte del documental homónimo de Yves Allégret y Eli Lotar (1932) para interesarse por las implicaciones políticas, sociales y culturales que se generan en relación a la construcción del territorio. El audio del filme es traducido del francés por la artista a modo de guía histórica, pero su voz a veces se entrecorta, duda: parece que cuestiona. Cuestiona la recepción, individual y colectiva, de una información a menudo enmascarada por el juicio del poder. Siguiendo este juego, las imágenes originales son sustituidas por un dibujo que se va desvelando por capas y organiza así un nuevo procedimiento desde el que estimular la interpretación de los tiempos y tránsitos urbanos.

Por último, hay otro tipo de espacios que pertenecen a universos más complejos, o menos tangibles, pero que ayudan a alumbrar todo un imaginario desde el que asomarse, nuevamente, a la constitución de los soportes sociales. Uno de ellos es el que presenta Alejandra Pombo en Mimic this (2021), plagado de subjetividades en las que se abrazan culturas diversas, expresiones y supersticiones. El filme intercala imágenes de personas realizando diferentes acciones en un bosque, a modo de impulso performático, con escenas de archivo de películas icónicas y extractos de entrevistas a actores y cineastas. Todo simula un extraño engranaje inconcreto que adquiere precisamente lucidez en la aparente ausencia de relato. Alejandra Pombo logra hilvanar fragmentos con una sutil precisión, salta del diálogo al gesto, del interior al paisaje, para trazar una simbología  emocional en la que es fácil reconocerse. Y, desde el cine a cada una de las tecnologías de comunicación, ¿qué sucede con todo ese mapeo digital configurado en nuestras pantallas? El ritmo frenético de las propuestas de Blanca Rego podría llevarnos a pensar en la catarsis de la sociedad actual, aunque en su caso se trata de un ejercicio de relaciones entre los datos digitales de la imagen y el sonido. !DOCTYPE html (2016) funciona como un palimpsesto contemporáneo desde el que descubrir las traducciones visuales y sonoras del gran universo de datos oculto en nuestros sistemas. El resultado, una explosiva experiencia plástica que podría asociarse tanto con la psicodelia como con los primeros experimentos pictóricos sobre celuloide de Norman McLaren o Len Lye. Formas abstractas que rebotan y reverberan acompañadas del mismo pulso inquieto del sonido y que conforman, de alguna manera, los patrones visuales del sistema digital; una nueva lectura para una cartografía moderna del espacio.

Con estos otros lugares cada artista contribuye, desde su perspectiva, a desacelerar los ritmos. Proponen una degustación sosegada de lo real que acaba por articular su cuestionamiento, a veces con intención crítica y otras con el objetivo de avivar la percepción. Pero siempre con esa facultad, que interpela a la pausa, de convertir lo visible en inédito.

Texto curatorial (por Sara Donoso)

Galicia

Para la sección gallega del festival apostamos por una selección heterogénea en cuanto a estilos, formatos y perfiles, persiguiendo los rastros de una cartografía de lo habitado que se proyecta desde lo digital, lo distópico, lo íntimo, lo físico y lo cultural.

Viernes 29 oct | 21:00 – 22:30h

Fundación Luís Seoane